¿Tienes una enfermedad o lesión que te impide trabajar? Entonces lee esto.

 Podemos definir la incapacidad permanente como la imposibilidad de una persona para desarrollar una actividad laboral debido a “reducciones anatómicas o funcionales graves, susceptibles de determinación objetiva y previsiblemente definitivas…”, es decir, que un trabajador sufra enfermedades o lesiones que le impidan llevar a cabo un trabajo con un mínimo de profesionalidad, rendimiento y eficacia. Este régimen de incapacidades está regulado en el reciente RD Legislativo 8/2015 por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de la Seguridad Social.

Hay diferentes grados de incapacidad:

  • Incapacidad PARCIAL (art. 194.1.a) Se produce cuando hay una reducción no inferior al 33 por ciento en el rendimiento normal del trabajador en su profesión habitual. La pensión que se otorga a este tipo de incapacidad consistirá en una cantidad a tanto alzado, pudiendo compatibilizarse con el desarrollo laboral.
  • Incapacidad TOTAL (194.1.b). Es aquella que se concede por la imposibilidad de realizar la profesión habitual, por lo que el trabajador estará inhabilitado para realizar todas las tareas o aquellas fundamentales de dicha profesión, siempre que pueda dedicarse a otra distinta. La prestación que se le concede es como mínimo el 55% de la base mínima de cotización, pudiendo incrementarse si la persona tiene más de 55 años y, atendiendo a sus circunstancias, tiene difícil encontrar otro trabajo.
  • Incapacidad ABSOLUTA (194.1.c) Es aquella que se otroga cuando la persona incapaz no puede realizar ningún trabajo, debido a sus patologías. La prestación que le corresponde será de una pensión vitalicia del 100% de la base reguladora.
  • Gran Invalidez (194.1.d). Es la que mayor prestaciones otorga ya que se produce cuando el trabajador afectado por una incapacidad permanente tiene una gravedad tal, que necesita la asistencia de otra persona para los actos más esenciales de la vida. En este caso se le concederá una pensión vitalicia como en los anteriores, más un plus para sufragar los costes de esa persona que lo atiende.

Estos son los tipos de incapacidades permanentes que existen en nuestra legislación, pero como en todo procedimiento en el que esté involucrada la Administración, tenemos que acreditar que las patologías que sufrimos sean suficientes para acceder a esas prestaciones. En la gran mayoría de casos, tendremos que acudir a un procedimiento judicial, en el cual, para ver cumplidas nuestras peticiones, tendremos que acompañar junto con la reclamación, un peritaje médico que certifique nuestro cuadro clínico y especifique nuestro diagnóstico.

Si se encuentra en un caso similar y quiere asesoramiento, no dude en contactar con nosotros. Recuerde que sus Derechos están para ejercerlos.

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